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Mostrando las entradas de mayo, 2012

Amor, chicos, perros...mugre

-¿Te acordás qué limpita que estaba la casa ayer? -Dijo ella.
-En esta casa la limpieza es un pretérito constante -sentenció él.


Un puto horror

Llegué a las 6 y 10 de la mañana, ponéle. Ya había once personas adelante mío. Genial. Esta vez entro, pensé. El día ni siquiera estaba despuntando y hacía frío, ese frío húmedo de la ciudad, a esa hora, en un día que hereda la indecisión climática -llueve, no llueve, que te recontra, por las dudas-, así que decidí entrar en calor por las mías y me calcé los auriculares y empecé a moverme al compás de la música. Saqué el libro de la cartera y agradecí el foco que iluminaba justo mis páginas; empecé a leer. Música y libro, qué más, yo no necesito demasiadas cosas para ser feliz.
A mi lado, el lado derecho, una pareja. El chico había bajado de un autazo; supongo que lo trajo el padre, se saludaron y el señor detrás del volante del autazo se perdió por Maipú hacia el sur. El chico, adormilado, me ganó el puesto 11 por un segundo. Tenía puestos esos pantalones que se usan ahora, esos que el tiro les queda abajo de las bolas, casi en las rodillas. No les quedan bien, no sé por qué insiste…