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Mostrando las entradas de septiembre, 2011

A veces:

y también los hijos y el perro y yo...

Té de Té

Hoy es uno de esos días en que encontrás conejitos en las tazas.
A partir de ahí, cualquier objeto, un peine, por ejemplo, es presagio de una inundación de maravillas.
Encontrar un conejito en tu taza del desayuno hace que te crezcan bigotes en los pies y una piel peludita te nace con ganas de ser acariciada. Como una primavera que explota en hierba y frío que se va, dejando un aire de colores y tu nariz oliendo eso que te lleva a tu infancia. Canela para mí.

Hoy, el cielo azul sin nubes y esa cosa diáfana que tiene la verdad de cada uno hace juego con las ganas. Entonces, inventás una carrera de vos contra vos y los dos ganan. O los dos pierden. O uno gana y otro pierde y se consuelan sentados en el cordón de esa vereda. Esa, la que estrenó tu mirada adolescente y rodó sobre tu primer sueño. -El primer sueño es importante -dice el conejito en tu oído y se distrae con una zanahoria que salió de tu cabeza. Y no te importa, al menos es una zanahoria y no el papafrita ese que hace media …