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Mostrando las entradas de junio, 2011

Cuándo

Había algo sin definir, algo así como una cadena de alegrías nebulosas.
No era, siquiera, una interdicción.
Bruma.
Una suerte de imposibilidad, como si te soñaras en un sueño que se sueña a sí  mismo.
Hombre de vitruvio.
Simetría.
Número de oro.
Una cascada flamígera.
Un montón de respuestas esperando preguntas.
Yo.
Vos.
El mundo cimbrando.
Te imagino así, como el mundo dice: flexible.
Y digo cuándo.

Y este posto viene de ACÁ.  Que claramente es otro de mis blogs.

Y se escucha con:

Miedo

Mi niña es así. Intermitentemente bella, curiosa, feliz, malhumorada, decidida, tenaz y confrontadora. Y cuando no tiene argumentos, los inventa con una facilidad pasmosa. Dueña de una energía irrevocable, de una imaginación a prueba de maravillas, te cuenta cualquier desatino con la actitud circunspecta del que se sabe dueño de la verdad. Porque para ella las probabilidades son hechos determinantes. Zve el mundo en sucesión multicolor y maneja el "sí o sí" como se le canta, generalmente a favor de ella. En su mundo conviven lecturas de la serie Robin Hood, dibujos de hadas, cuentos de zombies, historias de dragones violetas con botas y Sherlock Holmes, amén de Herman Melville, Charlotte Brontë, Edgar Alan Poe, entre otros que le leí o leyó sola (versiones abreviadas, obviamente). Salió tan hermana de sus hermanos que da impresión. De la mayor, heredó (aunque yo puse mi parte), el amor por las historias y los libros. De la del medio, "hijitos", esa cosa Susanita de…

Entregarse a la experiencia, las pelotas.

Cualquiera que me conoce sabe que yo me entrego a la experiencia. Me dejo fluir con las circunstancias -bueh, tooooooodas lo que se dice toooooooodas las circunstancias no, convengamos que de algunas hay que correrse, huir, dejar pasar, lo que cuadre- y no me hago demasiado problema con lo que tiene solución. Por ejemplo, si me corto el pelo y no me gusta, no me hago problema porque el pelo crece, me lo tengo que bancar hasta que crezca y punto. Peeeeerooooooooooooooooooo...

...cuando al flequillito de boludita que te cortaste porque te quitaste el rubio de la cabeza le agregás un color caquita de primera comida semisólida, que es como te quedó cuando al rubio que te costó TRES años conseguir le pusiste un rubio oscuro que en NINGÚN lado decía ceniza, te querés matar. A falta de matarme por semejante huevada, me niego a entregarme a la experiencia, me quejo cada mañana cuando me miro en el espejo mientras me lavo los dientes y puteo en arameo al verde sorete que flamea en mi cabeza que…