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Mostrando las entradas de junio, 2010

Sendero

La muerte sacude. No por inesperada. O cruel. O injusta. O al menos, no solamente. Sino porque nos conmueve ahí en el fundamento. Nos sacude porque expone nuestra fragilidad. Porque su inexorabilidad deja al descubierto el proyecto inconcluso, eso que quisimos pero que jamás nos animamos a hacer.

Porque la muerte de nuestros mayores, dolorosa, fatal, inenarrable, que nos deja huérfanos, es lo que debe ser, la ley inevitable de la vida: nuestros padres mueren antes que nosotros (un padre no debería sobrevivir a un hijo, es antinatural).
Pero cuando se lleva a un par, además de llevarse, también, una parte de nuestra experiencia, de nuestro horizonte, de nuestra referencia generacional, desnuda nuestra vulnerabilidad: no somos invencibles.

Sin embargo, vida y muerte van inextricablemente juntas, dándose sentido mutuamente. Inexorables ambas, las diferencia la conciencia que de ellas tenemos. Mientras la muerte es una gran pregunta sin respuesta conocida, la vida es algo que explota en nos…

Alma

Qué hago con lo inevitable, cuando la única salida que me deja es una despedida...

Sin embargo, no lo puedo hacer todavía porque estás conectada a una máquina que te mantiene muy sedada y sin dolor. Que es lo que elegiste ante tu inevitable.

Llegué al mediodía, me acerqué te di un beso y te dejé la marca del pintalabios. Te dije "te quiero", abriste los ojos -nunca vi ojos más preciosos, antes parecían zafiros fulgurantes y ahora, aunque perdieron ese color vibrante, conservan tu mirada buena- y me dijiste "Aaalee" con una sonrisa que duró lo que tardaste en dormirte, un segundo, un segundo mío, que me regalaste a mí y yo lo atesoro.

Tus preocupaciones en estos días antes de tu decisión fueron ¿metafísicas? ¿A dónde vamos?, me preguntabas. Qué hay después. Qué pasa con el alma. Y ahí aparecieron las libélulas. Me contaste que leíste que el alma, cuando se separa del cuerpo, se transforma en una libélula y con esa forma espera hasta que vuelve a habitar otro cuerpo par…

Opción

Podemos elegir qué hacemos con lo inevitable.

Papá

¿Cómo te digo feliz día? ¿A la puerta de qué paraíso llamo?

Pasa el tiempo y el sonido de tu voz no se desdibuja ni es borroso tu recuerdo.
Cómo podría serlo cuando tu sonrisa ladeada me llega de golpe a la memoria. Cuando puedo reconstruir momentos con sólo evocarlos.

Hay muchas orfandades en el mundo -algunas me atraviesan, por supuesto- y yo no sé si sentirme despojada de vos porque te siento, te sigo sintiendo. Ya sin tristeza, sin necesidad perentoria de saberte acá, a mi disposición en el momento preciso.

No sé definir tu nueva sustancia. No sos ausencia ni presencia, sos en mí. En mi hermana. En mi hija y en mi sobrino, que tiene tus ojos, tus cejas y la misma picardía en la mirada.

Tal vez el paraíso no está tan lejos, tal vez el feliz día es cada día en que puedo reconocerte en la sangre compartida y te abrace cuando me abrace.

¿Tu culpa o la mía?

¿Qué más necesitás? ¿Cómo de claro lo querés?
¿Cuál es tu condenado punto? ¿A dónde querés llegar? ¿En qué absurda lógica o falta de ella te apoyás para argumentar lo que no tiene argumento? ¿Cómo hacés para negar lo evidente? No lo razonable, no la verdad, no lo exacto, no lo justo o lo injusto: lo evidente.

Un día, dos, tal vez tres. Una semana, ponéle. Ok. Todos tenemos malos días. Malos momentos. No todos son por nuestra grandísima culpa. A veces yo o vos o vos, cualquiera, el que esté al lado fuimos somos seremos el obstáculo, la piedra, el maldito imprevisto. Porque, con una mano en el corazón, honestamente, pasa, es cierto. Justo esa vez yo no tuve nada que ver, esa vez me pasó. Y me pasó porque vos metiste la pata. Pero si me pasa siempre...

Abismados en nuestro propio abismo es una forma de decir estoy perdida en mi propio e insondable ombligo. No sirve. Destruye. Cansa. Aleja. A la larga. A la corta causa piedad. ¡Pobre! decimos. Y empezamos a gastar saliva. Hasta…

Legislar para el amor -2-

El año pasado andábamos juntando firmas para agilizar los trámites de adopción. Seguimos en la lucha.

Sigan ESTE vínculo, lean el post y me piden la planilla.

Ayudar hace bien y nos hace bien.

Eso dicen

¿Será cierto?




Cadáver exquisito

Definitivamente, esta gente tiene un vínculo: Guada GN, Z y Rorro. Guada y Z son hermanas, las separa una generación, Z y Ro son de la misma generación y son tía y sobrina, respectivamente. La Ro es mi nietastra y Guada, la hija mashor del corazón.

Guada contaba los otros días en su caralibro (y yo, que conozco las caras de mi nieta, le sé la mirada, le adivino aún desde acá los gestos, la imagino claramente haciendo lo que cuenta la madre, me divertí mucho) :
Rorro me anunció que iba a hacer pis. Desde acá la escuché ir hasta el baño y golpear la cortina de la ducha con fuerza, mientras murmuraba "No hay nada. No hay ningún zombie. No hay nada." para darse ánimos, antes de sentarse en el trono a hacer sus asuntos.
Z, por su parte, estaba siendo carcomida por una duda prácticamente existencial, durante tres días seguidos me preguntó:

-Má, ¿qué es un cadáver?

-Un cuerpo muerto -respondí.

Después de tres días, la cosa no pasó de ahí y pensé que había quedado sepultada por nuevos…